Reconocer cómo influyen tus emociones en tus resultados te permite ser consciente de tus acciones y te motiva a querer gestionar tus emociones.
Hace muchos años, uno de mis jefes se me acercó a decirme que tenía la oportunidad de un ascenso, pero antes de eso debía yo asistir una reunión importante donde estarían los dueños de la empresa donde trabajaba ese momento. Me dijo: «si la reunión es un éxito, tienes el ascenso asegurado».
Por supuesto que me preparé por 2 semanas sin descanso, estaba muy emocionado. Llegó el día, me sentía decaído, sin ánimos de nada, miré mi postura, mis energías y dije: «no lo voy a conseguir».
Tenía 2 horas antes de que me den el aviso para presentarme en la reunión que podía cambiar mi vida o no. Yo estaba en una disyuntiva si quería presentarme. Me fui al baño, me lavé la cara y hablé conmigo mismo, resulta que ni yo sabía a qué le temía.
Luego de 30 minutos intentando entender a qué le tenía tanto miedo, era a fallar. Tenía miedo de cometer un error y arruinar la oportunidad de mi vida. Coloqué todo en una balanza, pensé si vale la pena no presentarme y no darme siquiera la oportunidad de intentarlo o voy me presento, doy todo de mí y me sentiré orgulloso por haber controlado mis emociones, incluso si aun así no recibo ese ascenso.
Así lo hice. Fue sin pensar en el ascenso. Fui a demostrarme a mí mismo que no había nada que temer y que daría lo mejor de mí sin importar los resultados. Me ascendieron, y ese día entendí que muchas veces nos perdemos de grandes cosas por miedos, miedos que ni siquiera les dimos la oportunidad de entenderlos y el no gestionar esas emociones se pierden grandes oportunidades.